Thursday, June 05, 2008

Poesía de Eunice Shade: Asomándose a otra identidad



Por Carola Brantome



Y... no lo digo yo. Lo precisa Eunice en el cierre de su libro a modo de agradecimiento, cuando nos cuenta: “Son mis primeros poemas. La poesía con la que descubrí mi identidad.” Y ese descubrirse fue y es también un desafío. Igual, todo descubrimiento conlleva entrega y deslumbramiento, porque el descubrimiento es hijo de la búsqueda. Búsqueda no exenta de dilemas, agonías, largos territorios recorridos, travesías del yo. Todo eso lo he pensado ahora que me ha llegado el privilegio de presentar el libro: Escaleras abajo de Eunice Shade.

Cumpliendo con la enseñanza del maestro Flavio César Tijerino (q.e.p.d.), que me decía que me rodeara siempre de gente joven para mantenerme “al día” y saber qué lenguaje hablan, y cómo piensan, y conocer cómo está el mundo a través de las crónicas de voces verdaderamente jóvenes y frescas. Y es gratísimo y alentador saber que la gran corriente de la poesía está entrando a Nicaragua por medio de esta reciente generación que no permite que se apague el calor del mundo, y con su palabra y su interrogación, contestan a las voces del pasado, renovándolo.

Abrigados en el espíritu de una gran cultura precedente, no llegan débiles estas voces, aunque íntimas y demasiados personales, aparecen lúcidas, y alumbran los albores de esta corriente de multiplicidad que, conservando lo propio, lo suyo profundamente, despliegan sin maldecir, un ineludible cuestionamiento a las maestras y maestros mágicos que les anteceden.

Este descubrirse a una nueva identidad, no ha sido para Eunice una labor ajena al dolor, a la furia; apegada a la vida, “más que una metáfora”, disecciona la rosa, la inevitable poética rosa, pero esta vez en estas manos la rosa es una hacedora de caminos consciente: “en un grito (...) de no querer ser ya la rosa”.

Al leer este libro no dejé de pensar en una joven mujer bregando en medio de la tormenta. Deshaciendo y volviendo a hacer el poema, la línea, el significado que no se dejaba vencer, y así, en las madrugadas temblorosas renacía para volverse mariposa con la poesía en sus alas, aunque por la noche recomenzara la lucha nuevamente con aquel gusano viscoso y voraz, que es la palabra. Velando la penumbra entre el frío y el vino, prendiéndole fuego a su “habitación propia” para edificarla a la mañana siguiente, pero sin pensar que la soledad o la incertidumbre se constituirían en sus enemigas. Aunque le han dejado decir sin ningún miedo “Ando perdida por mis calles internas. / Todas polvorientas, / con asfalto / descascarado, / gritándome que me caigo, / que me derrumbo, / que me caigo.”

Este libro me remite a la primigenia fuerza de los primeros poemas, puros, salados, desolados, hechos y rehechos, subrayados y destruidos; ¿sobre cuántos poemas están escritos estos que hoy erigen este libro? Y ellos “escaleras abajo” aparecen como los cronistas de esas travesías del espíritu y el cuerpo de su autora. Estos, ¿acaso sean los que se salvaron una noche desvelada a la luz de una vela?, bajo el rigor de los ojos críticos, nada benignos de su autora. Salvados cuando vio cumplida su verdad y su fe.

Ya Shade aventaja en la narrativa con su tablero urbano, su libro “El texto perdido”, escrito en variadas personas que desempolvan al sujeto y comprimen al verbo, irónica y fiel a sí. Giran en espirales fuerzas y latitudes, que al pasar me dejan nostalgias súbitas; trenes, caminos, cuevas en ciudades que atestiguan que ya ninguna ciudad es eterna, que sólo leves huellas quedan en las estancias; se hunden en laberintos estrictamente literarios encuentros y desencuentros de amores que, el tiempo de hoy, cobija de una apresurada actualidad.

“Escaleras abajo”, es un posicionamiento, no un llanto lastimero, sentimental de abandono, desamor o pérdida. Tampoco hijo del hastío, más bien, desata una irritación frente al desdén del tiempo que le ve nacer y crecer. Porque en cada letra y palabra no encontramos una pizca de conformidad, tampoco consentimiento con la otredad, ni consigo misma. Sea Eunice quien lo deja dicho o la voz que se presenta, esta es una voz lúcida que a través de sus revelaciones despeja la locura del mundo, ese mundo que le quiere cosificar las ansias de ser auténtica, ser que ella no permite que le arrebaten.

Aunque, y como lo señalo al inicio de este texto, y dicho por su autora, éste es un poemario formado por poemas iniciales, no les considero el final de una revelación. “Respiro de láudano”, “Lágrimas en el tocador”, “Las cosas que no se dicen”, constituye esa raíz del canto, un friso de la vida; la azulenca agua y espuma que la marea trae con toda la carga del brillo de la sal y el mar.

A estas señales volveremos después. Estos poemas que son una agrupación personal de la autora, por algo persisten en letra de molde y nos congregan aquí y ven la luz de este tiempo, sin pérdida, ni sosiego. Son poemas que tienen su propio pasado y destino, del que no son inocentes, tampoco estériles. No descuidemos este libro.

Matagalpa, 25 de mayo del 2008

Para Eunice Shade



Por Erick Aguirre

En los márgenes de un libro de Octavio Paz que regalé a Eunice hace algunos años, escribí ciertas palabras con la plena convicción de que algún día adquirirían la nada vaga forma de la premonición. Una premonición que, con gusto corroboro ahora, ha terminado por cumplirse.

En uno de los ensayos de ese libro decía Paz que los poetas no tienen biografía. Su obra es su biografía. Y bien -escribí entonces al margen de aquellas páginas-: “puesto que ningún país sobrelleva a gusto a sus poetas vivos, sobre todo a los más jóvenes, estaremos condenados (incluyéndonos a los “menos viejos”) a una prisión tan grande como el país mismo, o a la soledad estoica de nuestras propias vidas. Por eso, afirmar la disidencia, alimentar el desarraigo, son la mejor manera de inventarnos a nosotros mismos para encarnar en el tiempo. Confío en esa capacidad de Eunice de convertirse a ella misma en un mito viviente (y cito sus palabras: “mi mejor obra soy yo misma”), pero también en lo que de mapa vital o de biografía individual y colectiva, tendrá seguramente la obra que nos deje como legado”.

Hoy, las lluvias intensas del invierno que comienza impidieron la presencia física de la poeta Carola Brantome, quien presentaría esta noche el libro de poemas de Eunice. Pensé entonces en hacerlo yo mismo, por eso recordé esas palabras escritas con emoción un día de su cumpleaños que nos estremeció un temblor de tierra en plena madrugada. Pero Carola ha podido enviar su texto para ser leído aquí; por eso no puedo más que apenas corroborar la certeza de esa vieja esperanza.

La obra que nos empieza a dejar Eunice es una de las más vivas que se escriben hoy en Nicaragua. “Escaleras Abajo” no sólo es el poemario deslumbrante de una escritora concreta, desenfadada, libre, dolorosa, visionaria, que nos muestra la posibilidad de reconquistar el amor y la libertad, como lo ha dicho ya el poeta chileno Raúl Zurita. Los poemas de Eunice marcan además la reconquista de otras posibilidades estrictamente textuales entre los poetas de su generación. “Escaleras Abajo”, por ejemplo, el poema que da título al libro, es uno de los pocos poemas de largo, sostenido, intenso y dramático aliento que se hayan escrito entre sus contemporáneos. Con menos premura tendré que detenerme después en él y en otros poemas suyos como “Manifiesto Personal”, “Meditación Nocturna”, “¿Qué pasa Madre?”, consanguíneamente emparentados con ese gran poema con que finaliza el libro y que, además, necesariamente nos remiten a la intensidad y el rigor con que están hechos todos sus textos, y que sin duda le otorgan fuerza y perdurabilidad literaria a este poemario.

Por ahora, como les dije, debo limitarme a reiterar la curiosa admonición escrita hace unos años. Al emborronar aquellas palabras al margen de ese libro de Octavio Paz, recuerdo que confiaba fervientemente en eso, en la capacidad que entonces intuía en Eunice de saber encarnar en el tiempo. Confiaba y sigo confiando en ella y en su obra, ya que ha dado frutos palpables y perdurables. Por eso estoy agradecido.
Devoción, admiración, amor, son los tres sentimientos que siguen dictando estas palabras.

Tuesday, May 13, 2008

María Antonieta Siero. Pasión por la Danza de mi abuela Tita



Por Velia Agurcia Rivas

Fue un día de 1973. Era la primera presentación del Ballet Adán Castillo, dirigido por María Antonieta Siero. Al mediodía, el encargado de las luces del Teatro le pidió que bajara donde él estaba, para que juntos vieran el escenario iluminado. Cuando María Antonieta iba bajando, por equivocación, el técnico apagó las luces y ella cayó en el foso de la orquesta.

Era la primera presentación en el Teatro Nacional Rubén Darío, y también la primera prueba de que cumpliría la promesa que le hizo a su maestro. María Antonieta cuenta que se rompió todos los tendones del brazo. Mientras llegaba la hora de la función, no dejó de hacer ejercicios con el brazo.

A la hora de la presentación se plantó en el escenario y en el mismo instante en que empezó la música, ella se dispuso a bailar. “Cuando oí la música, yo no sé cómo levanté el brazo, hice todos los números que tenía que hacer y salió perfecto”, recuerda ella. También cuenta que a medida que iba bailando, se veía a través de la malla cómo sus piernas se ponían moradas. En cuanto terminó su última pieza, el brazo le quedó “descolgado” y tuvo que someterse a fisioterapia por año y medio. Ella llama a esas experiencias “heridas de guerra”.

Pero no sólo deja marcas físicas, también ayuda a recuperar las del alma. María Antonieta cuenta que cuando murió su mamá, desahogó sus penas en la barra de ballet de su estudio.


Forjadora del arte
y el porte
Entre los alumnos de María Antonieta están la Miss Nicaragua 1995, Linda Clerk, y Armando Espinoza, figura principal de un ballet español, y ahora director de su propia compañía de danza en Cáceres, España.

Es madre dos hijos, maestra, amiga y bailarina. Intentó trabajar lejos de las barras y zapatillas de ballet, en una oficina, pero no duró más de un año. María Antonieta pertenece a la danza desde siempre y hasta siempre. Con más de cincuenta años en la danza y treinta como docente, es la continuadora de la labor de Adán Castillo, el bailarín que trajo el ballet clásico a Nicaragua.

Wednesday, May 07, 2008

A propósito de 100: la exposición a favor del aborto terapeutico




Este jueves 8 de mayo en Cisas, Bolonia, de Canal 2 TV, 1 cuadra al sur, 75 varas abajo. 7:00 PM.

Tuesday, May 06, 2008

Epica II

Epica I

Thursday, March 13, 2008

recuerdos de infancia..

Wednesday, February 13, 2008

En construccion...

Wednesday, January 09, 2008

Serais ce possible alors ?





Carla, el tal Sarkozy no te merece. Sos demasiado para él, dejalo. Con esa voz tan bella fácil te conseguís uno mejor. Consejo de tu amiga.

"Il vous aime, c'est secret, lui dites pas que j'vous l'ai dit"